Cronica sentimental en rojo
Escrito por Carmen Orus
Miércoles, 24 de Noviembre de 2010 09:05
PDF Imprimir E-mail

Detectives barcelona faltar al trabajo

 

Gracias a su ardua labor, al viejo policía Méndez se le ha designado que vigile las playas de Barcelona. Méndez suele pensar que su trabajo no es respetado, más si valorado. Sus métodos de investigación son una cachetada a los lineales protocolos policiales. Para él, la única forma de llegar a la verdad, o su verdad, es a través de la incorrección. “En realidad había sido un premio para él, lo sabía. Por primera vez en este siglo Méndez había despertado entre sus compañeros, sin saber cómo, oleadas de solidaridad. Fuese porque estaba demasiado blanco o demasiado débil, fuese porque olvidaba las colillas dentro de los vasos de whisky de los amigos o porque las ladillas –decía- ya le asomaban por los bordes de la corbata, a Méndez le fue ofrecido un servicio lleno de las tres cosas que hacen más feliz al funcionario hispano: sol, vagancia y mujeres en sazón.”

Estamos a inicios de los años ochenta del siglo pasado, España vive los fuertes cambios de lo que es el proceso de la Transición. Los círculos de poder, sean religiosos, económicos y políticos, luchan, a su modo, por lo poco que les queda de las prerrogativas que solían gozar en el franquismo. Méndez es muy conciente de que esos cambios tarde o temprano le llegarán, tiene todo para jubilarse y llevar una vida tranquila, muy ajena a sus andadas nocturnas por los barrios más peligrosos de Barcelona, ni siquiera el supuesto premio que se le ha dado en los núcleos de vigilancia de playas hará que tramite sus documentos. En este trabajo bajo el sol, lo único que debe hacer es reportar, nada más. Para su comodidad, establece su oficina en el bar Can 60, en el que tiene los adminículos necesarios para ejercer sin contratiempos su labor: cervezas y cigarros. Además, para el viejo policía las mejores fuentes de información nunca dejarán de estar en los bares.
 
Desde su mesa tiene un panorama privilegiado de los veraneantes que yacen en las playas, de los que solo una mujer llama su atención, y no por el hecho de tomar sol en topless, ni mucho menos por las turgentes carnes que conforman sus piernas, sino por el aura de fortísimo carácter impregnado en su rostro. Esta mujer no es otra que la juez Olvido Montal, quien aparte de sacar provecho de su apartamento frente al mar, es la encargada jurídica de velar la herencia de Óscar Bassegoda, quien en vida fue un poderoso y acaudalado empresario.
 
Cierta tarde, la juez Olvido, luego de tostar su piel en la playa, encuentra en su apartamento el pecho de una niña. Como es de esperarse, la juez se conmociona, le es imposible ocultar la templanza ante un acontecimiento como este, pese que a lo largo de su carrera no pocas veces ha tenido que hurgar en muchos asesinatos.
Aprovechando el hallazgo del pecho de la niña, el detective Méndez no demora en flirtear con la jueza. Las investigaciones siguen su curso, muchas hipótesis se tejen alrededor del pecho encontrado, hasta que Olvido le pide a Méndez que la acompañe a una de las propiedades vacías de Bassegoda, puesto que desea mostrarle uno de los cuadros que hay en allí. Dicho cuadro sí sorprende a Méndez, el cual tiene como inspiración a Nuria Bassegoda, hermana del difunto empresario, a la que le falta, vaya coincidencia, un pecho.
 
La fortuna de Bassegoda tiene cuatro herederos: Blanca Bassegoda (su hija), Eduardo Contreras (su yerno), Dani Ponce (primo y ex amante de Blanca) y Carlos Bey, el elegido a repartir parte del dineral entre las personas que más lo necesiten, ergo: labor social.
A primera impresión es nula la relación que puede existir entre el pecho de la niña y el pecho ausente de la mujer del cuadro, pero no por nada Méndez ha sabido desarrollar una acuciosa mirada que le permite detectar senderos luminosos en donde la confluencia de sangre, dinero y sexo no pueden ser tomados como hechos aislados, sino que en la aparente carencia de puntos lógicos existe un “algo más”.
 
Méndez ata cabos, junta eslabones en los que aparecen ciertos personajes: un ex boxeador, y amigo suyo, que acaba de salir de la cárcel, a quien se le presenta el trabajito de ser el guardaespaldas de una millonaria que quiere librarse de los enfermizos acosos de su esposo; un periodista irresponsable que lo sabe todo y pone al día al viejo policía con las idas y vueltas que rodean a los beneficiados, directos e indirectos, de la herencia de Bassegoda; el dueño de una galería de arte a quien chantajea con su pasado delictivo a condición de que le brinde ayuda; y por supuesto, muchos, muchos más…
Última actualización el Jueves, 28 de Julio de 2011 15:31