En busca de april
Escrito por Carmen Orus
Lunes, 23 de Abril de 2012 18:30
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Detectives privados

Todo escritor de novelas negras que se precie de tal sueña con tener a su propio Sherlock Holmes. O a una Miss Marple que lo haga famoso. Por eso las grandes sagas sacaron al estrellato al inspector Wallander, a Maigret o al padre Brown. Pues bien, hacia allí se dirige Benjamin Black de la mano del patólogo Garret Quirke quien protagoniza aquí su tercera aventura, En busca de April.

Y sin dudas, como todo buen escritor de policiales, Black (seudónimo del consagrado John Banville) sabe contar. Es que para que una novela atrape, más allá de que el caso sea singular, debe tener como protagonista a un personaje tan enigmático como el misterio en que se ve envuelto. Quirke no quiere ser detective. De hecho no le gustan. Pero está emparentado con la muerte. Es más, como patólogo, trabaja todos los días con ella. Y por eso, aunque intenta alejarse, de una u otra forma se ve envuelto en tramas a las que termina ayudando a desenredar.
En este libro, la acción se desarrolla otra vez en la neblinosa Dublin de la década del 50, y la que empuja el médico al barco de lo desconocido es nada menos que su propia hija, desesperada por la desaparición de una amiga. Quirke no las tiene todas consigo. Está internado en una clínica de rehabilitación por su adicción al alcohol. Y sale y cada pocas páginas se le cruzan pintas de cerveza o bien cargados vasos de whisky. Síndrome de abstinencia en una de las ciudades con mayor índice de ingesta de alcohol. Complicado.

April tiene mala fama. Es decir, le gusta la juerga en una ciudad (y un tiempo) en la que el machismo veía mal todo lo que no fuera recato. Pero es doctora e hija de un ministro. Su desaparición no puede pasar desapercibida. Y desde ese punto Black/Banville teje y desteje una trama impecable e implacable. Y desarrolla lo que mejor lo que mejor le sale: las descripciones. Es un libro en el que la imaginación va de la mano de la lectura. Todo está allí, todo es claro, todo está detallado.

Y es esa misma sucesión de datos lo que le permiten al lector acompañar al detective/médico a lo largo de su aventura. Lo explica el mismo autor: "la trama no importa, si no que los gestos y forma de actuar de los personajes muestran la vida como realmente es". Y este es un libro excelente, más allá de que para los puristas podría ser "para los amantes del género". Pasaron décadas para que los sabuesos de los creadores del género entraran a la historia. Black pretende que Quirke siga el mismo camino, aunque él mismo tenga reparos: "la novela negra perfecta es aquella en la que al final no se ha cometido ningún delito".

Última actualización el Lunes, 30 de Julio de 2012 17:02