"Ponga un detective en su vida... o en la de otro"
Escrito por Carmen Orus
Miércoles, 24 de Noviembre de 2010 09:14
PDF Imprimir E-mail

Agencia de detectives privados en Barcelona

Parece que un político, un deportista, un banquero, un concejal corrupto no son nadie si no les ha seguido, o espiado o elaborado un dossier sobre alguna faceta más o menos oscura de su vida. De ese trabajo más o menos sucio se encargan los detectives privados. Muchos siguen siendo lo que algunos llamaban huelebraguetas, pero otros detectives de más alto nivel son piezas imprescindibles que se utilizan en casi todas las guerras políticas, financieras y deportivas.

Situémonos para empezar.  Hay unos 3.000 detectives privados con licencia en España. Para conseguir el título de detective hace falta estudiar dos años de Criminología, y un año más de especialización. Tener licencia es necesario para firmar cualquier informe, pero muchos detectives subcontratan a gente sin título para hacer el trabajo sucio, como vigilancias, seguimientos… Hay un porcentaje de detectives que son policías, guardias civiles o ex espías del CNI que han tenido problemas en el Cuerpo y encuentran en la investigación privada una buena salida.

En tiempos de crisis económica, aumentan las empresas que contratan detectives para vigilar la salud de sus trabajadores enfermos, o sea, si realmente están enfermos. Las empresas recurren a ellos, sobre todo, para poder despedir a los empleados que no cumplen o que tratan de engañarlos. Bueno, empresas e incluso un ayuntamiento, el de Siero, en Asturias, que contrató a un detective para una misión de este tipo… Un investigador nos contaba hace días el caso de un trabajador que llevaba meses de baja con una supuesta lesión en la espalda y jugaba al fútbol 7 todos los fines de semana.

De todas estas bajas y lesiones hay un caso en Jaén que resulta espectacular, el de un hombre que sufrió un brutal atropello de coche. En 2006 este hombre, que trabajaba de mecánico, fue atropellado por un conductor borracho y que no tenía carné. Estuvo 14 días en el hospital y tuvo fractura de cadera, sacro… y otras lesiones. Denunció como es lógico al conductor del coche y le pidió una indemnización de 165.000 euros porque había quedado incapacitado para trabajar y casi para cualquier movimiento normal. De hecho, recibía una pensión por eso.

La compañía de seguros, que era la que iba a pagar los 165.000 euros contrató a un sabueso que siguió al mecánico inválido antes del juicio. Y el 22 de febrero de este año, mientras el detective hacia guardia a la puerta de casa de la víctima, salió el mecánico con su bici y vestido como si fuera Perico Delgado y empezó a subir las empinadas cuestas de la que llaman carretera de la Cadena, que va hasta la Virgen de la Cabeza en Jaén. El médico que le había examinado quedó estupefacto: “Tengo que volver a estudiar medicina, no lo entiendo”. Al final, gracias a sus fotos emulando a Indurain le dieron menos indemnización de la que pedía: algo más de 48.000 euros.

La parte más clásica de los detectives son las infidelidades conyugales. Aunque también hay casos de infidelidades empresariales: altos o medios ejecutivos que venden a la competencia secretos, planes de acción… Y a veces se mezclan las infidelidades de uno y otro cariz. Las grandes multinacionales contratan a veces a detectives para que vigilen a sus ejecutivos en España. Vienen sin familia y muchas veces están fuera de control…  Pero, por supuesto, los conflictos familiares o una de cuernos, como dicen ellos, todavía continúan ocupando gran parte de su trabajo, el 90 por ciento de los encargos siguen viniendo de ahí. Pensemos que ahora hay también divorcios, mujeres cobrando pensiones del ex marido que si tienen otra pareja o un trabajo pueden dejar de cobrarla… Hay trabajos clásicos de los que llamaban huelebraguetas: el marido o la mujer que quiere comprobar que su pareja es infiel; en otros casos, se trata de saber si el ex o la ex son buenos padres para tratar de quitarle la custodia de los hijos.

Sobre cuánto cuesta encargar por ejemplo una de cuernos, podemos decir que hay tarifas de todo tipo, pero unos cuernos bien hechos, por una de las agencias más conocidas, con fotos y vídeos útiles para futuros juicios, sale entre mil y 2.500 euros, aunque hay agencias que te hacen un seguimiento de tu pareja por 300 euros.

Y ya hay padres que contratan detectives para vigilar a sus hijos. Esa rama es una novedad y casi siempre se trata de familias de clase media alta. Sale un poco más caro. Los padres, ante la sospecha de que su hijo tiene malas compañías o está bebiendo o drogándose, le ponen un detective… También hay casos en los que los detectives sirven para llegar allí donde no llega la justicia: hace unos años, un detective de Barcelona se trajo a España un niño al que su padre se había llevado ilegalmente a Alemania, incumpliendo una sentencia de divorcio.

Hablemos ahora de fútbol, porque hace poco El Periódico de Catalunya destapaba que el Barcelona había contratado a una agencia, una de las más conocidas, Método 3, para hacer informes sobre los posibles futuros sucesores del señor Laporta. Pero no es la primera vez que esto ocurre en el fútbol español, ni mucho menos. Lo que ocurre es que ahora los equipos de fútbol son fuentes de poder político y económico. Las investigaciones de siempre en el fútbol eran sobre la vida privada de los futbolistas: si bebían, si salían de noche, si salían con una o varias mujeres… De estas ha habido muchas, las últimas que nosotros hayamos sabido, sobre el defensa del Real Madrid Sergio Ramos, por ejemplo. Pero también las hubo sobre Ronaldinho y sobre Guti, y Beckham. Y años ha sobre Juanito. Pero los que más trabajo dieron a los detectives fueron Suker, Mijatovic, Panucci, Seedorf y compañía en aquellos años que coincidieron en el Real Madrid.

A Davor Suker, no sé si se puede decir aquí, le llamaban Nabor Suker (los futbolistas son muy dados a ponerse apodos con las zonas nobles). Un detective nos contaba que él fue contratado para vigilarles en la noche madrileña y saber si era verdad lo que se decía. Este hombre decidió ponerles un cebo, una chica bellísima debía bailar cerca de ellos, no demasiado, en una discoteca de Madrid. De esa forma, se vería si ellos estaban disponibles, digamos. Al final el detective tuvo que ir a rescatar a su colaboradora, que tampoco había hecho más que bailar a pocos metros de ellos, y llevársela de allí fingiendo ser un familiar enfadado.

En fin, nunca llegó la sangre al río porque con esos futbolistas el Madrid volvió a ganar por ejemplo, la Copa de Europa. Digamos que un futbolista puede hacer lo que quiera si luego gana. Sólo si empata o pierde, los informes de los detectives, que casi siempre están ahí, salen a relucir.

Sin embargo, el deporte digamos que se ha ensuciado en los últimos años, por las enormes cantidades de dinero que se mueven. Y también por la industria del dopaje. Incluso el secretario de Estado para el Deporte, el señor Jaime Lissavetzky, fue espiado por un detective privado para digamos que frenara su ímpetu contra las redes de dopaje

Nosotros publicamos esa historia en Interviú y días después el secretario de Estado lo confirmó en el diario As. Lo que nosotros sabemos es que ocurrió cuando la operación Puerto de la Guardia Civil. Se había detenido al doctor Fuentes, un ginecólogo que ganaba mucho dinero con una trama de dopaje de grandes ciclistas, y a otras personas. Lissavetzky se significó entonces diciendo que había que llegar hasta el final. Y meses después uno de sus escoltas observó como un hombre le seguía.

Era un detective que había sido contratado por un despacho de abogados muy prestigioso –es la práctica habitual para no dejar huella en el libro de registro donde los detectives deben apuntar quién les encarga cada trabajo–. Todo indica que se estaban buscando trapos sucios del Secretario de Estado para condicionar su voluntad de luchar contra el dopaje.

Los clientes delicados no constan en los libros de los detectives, sino que figuran despachos de abogados que luego no dicen quién se lo encargó. Así borran sus huellas. Ocurre así, por ejemplo, en las guerras políticas y financieras que estamos viviendo.  En la de Caja Madrid, por ejemplo, que es la que más hemos trabajado, en su aspecto negro. Desde hace años, dos agencias de detectives han vigilado y hecho dossiers contra Ignacio González, número dos de Esperanza Aguirre y su candidato a Caja Madrid. Los detectives hicieron dossiers sobre sus casas, las de su familia y le siguieron en un viaje a Colombia, donde grabaron un vídeo que luego fue convenientemente filtrado a los periodistas.

Aquí el encargo era destruir la carrera política del vicepresidente de la Comunidad de Madrid. Costó unos 300.000 euros. González quedó tocado pero no hundido, porque no se demostraba ninguna corrupción, aunque estuvo en portadas. Lo encargó un despacho de abogados a un detective. El detective dio la dirección de los abogados y allí no hay ningún despacho. Un juez de Madrid está tratando de averiguar quién mandó eso: si fue alguien de dentro o de fuera del PP.

Algunos partidos políticos sí contratan detectives para su depuración interna. Puede ocurrir, según nos cuenta uno de los mejores detectives españoles, que un partido tenga sospechas de que un concejal o diputado sea corrupto o tome drogas. El detective lo comprueba y hace un informe. Si este es definitivo, el partido cita a su hombre y le ofrece una retirada voluntaria y con honores de la política a cambio de guardar el informe en un cajón…

Hay detectives que colaboran en investigaciones criminales, en la imagen más clásica que nos ha dejado el cine… Un detective no puede perseguir delitos, la ley es muy estricta en este caso. Cuando detectan durante su trabajo que están ante un delito, deben comunicarlo a policía, guardia civil o a un juzgado. Otra cosa es que, muchas veces, las familias desesperadas contratan a los detectives para tratar de que arrojen algo de luz sobre casos que la policía y la guardia civil no han podido resolver. Así lo hicieron los padres de Madeleine McCann –con una agencia española, por cierto– o los padres del niño desaparecido en el accidente de Somosierra, Juan Pedro Martínez…

En líneas generales sí hay buena colaboración entre detectives y policías. Están obligados a entenderse, porque todos los detectives trabajan bajo unas normas impuestas por el Ministerio del Interior –ley de seguridad privada–, que las hacen cumplir, precisamente policías. Y estos, a su vez, en ocasiones recurren a los detectives para hacer algún trabajo ‘sucio’, sobre todo en el extranjero, donde ellos tardarían más en llegar. Por ejemplo, ir a República Dominicana a ver si el dinero de Marbella está allí, o ir a Marruecos a ver si allí está el concejal fugado.

Lo que se ve en las películas, de detectives que resuelven crímenes, ocurre, aunque pocas veces. Quizás, el mayor especialista en la materia sea Jorge Colomar, un sabueso de los de toda la vida, que esclareció el misterioso crimen de Caspe, en Zaragoza. Una chica de 19 años, Antonia Torres, desapareció sin dejar rastro. La policía cerró el caso rápidamente como una fuga voluntaria, pero la madre de la chica nunca lo creyó. Ocho años después, llamó a una vidente que estaba en un programa de radio nocturno y la adivina le aseguró que su hija estaba muerta. En el estudio estaba esa noche Jordi Colomar, que se puso en contacto con la mujer. Se puso a trabajar en el caso y descubrió que Antonia no se había ido; había sido asesinada por su novio, que decidió matarla cuando se enteró de que estaba embarazada… Comunicó sus sospechas a la policía, que no sólo detuvo al novio, Fernando Olmos, sino que dio con los restos de Antonia: unos huesos en una vieja cabaña de pastores entre los que se encontraba un fragmento de cráneo con un agujero correspondiente a una bala del calibre 22…

Trabajó el caso desde el principio, se entrevistó con todos los amigos de la pareja; se enteró de que la chica estaba embarazada en el momento de su desaparición, algo que sólo sabían dos de sus amigas íntimas; y, sobre todo, habló mucho con el sospechoso, hasta que le hizo incurrir en varias contradicciones. Con el informe que elaboró se presentó en el Grupo de Homicidios de la Policía de Zaragoza, que sólo tuvo que confirmar el trabajo que había hecho el detective, gracias al que Olmos pudo ser condenado a 20 años de prisión.

MANUEL MARLASCA (izquierda).


(leer contenido completo) http://blogs.antena3.com/territorionegro/entry/ponga_un_detective_en_su

Última actualización el Miércoles, 27 de Julio de 2011 13:52