Una historia de detectives para ver y para leer
Escrito por Carmen Orus
Domingo, 20 de Febrero de 2011 16:53
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“Salí a la calle con la certeza de que terminaría empapado antes de llegar al coche. La lluvia caía como si las nubes tuvieran prisa por terminar”. Es el texto que ilustra la figura de un hombre con cigarro en mano, gabardina y sombrero de medio lado. Es Humphrey Bogart mirando al frente, mientras a su espalda se recorta en blanco y negro la silueta de una ciudad: Palencia. El óleo es del pintor Ángel Cuesta y forma parte de una exposición colectiva: El último caso de Raymond Chandler, una historia de detectives privados para ver y para leer, escrita y pintada sobre las paredes de la sala de exposiciones de la Fundación Díaz Caneja de Palencia. Sus muros blancos se han convertido en lienzos de novela y sobre su suelo, las huellas del protagonista nos guían en una aventura policíaca, que se ambienta con la banda sonora de aquella época y se salpica con gotas de sangre.

Un cómic de tamaño gigante que homenajea a los grandes genios de la novela negra, inspirado en la obra de uno de sus mayores exponentes, Raymond Chandler y en su principal protagonista, Philippe Marlow.

El último caso de Raymond Chandler es una propuesta cooperativa en la que participan 24 creadores vinculados de alguna forma a Palencia. Escritores, pintores y fotógrafos rinden un homenaje a la novela negra y lo hacen sirviéndose de las técnicas más variadas y usando expresiones artísticas de lo más variopinto. Entre ellos los pintores Ángel Cuesta, Félix de la Vega, Fernando Zamora, Adolfo Revuelta o Gregorio Antolín, escritores como Jesús Aparicio, Manuel Bores, Sara Tovar, Beranrdo Fuster o Julián Alonso, y jóvenes creadores como Rubén del Valle, Rosa Alonso, María Sánchez, Elena Padilla y Noelia Báscones.

Todos confesos, identificados y detenidos en una muestra interdisciplinar que de paso demuestra que es posible hacer cosas en común entre talentos artísticos muy distintos, apunta Julián Alonso, uno de sus comisarios y que continúa la senda de otros montajes anteriores similares pero diferentes, “Monstruos” y “Piratas”.

Sin renunciar a cada estilo personal, cada artista ha interpretado su visión de la novela de Chandler. Eso sí, siempre en una escala de grises que unifica criterios y da un ambiente de cine en blanco y negro, en el que solo al rojo sangre se le ha permitido colarse. A partir de ahí, todo vale, el collage, la fotografía, el realismo más fiel y la abstracción más absurda para que no falte ningún personaje: el detective privado y el gángster, la chica de largas piernas, el perdedor y el ganador, los fiambres, el amigo, el guapo… Entre todos construyen una historia lineal, una exposición poco corriente que nos introduce, hasta el próximo 30 de mayo, en el mundo del hampa, de investigaciones policiales y de crímenes por resolver.

Última actualización el Miércoles, 27 de Julio de 2011 14:02