Breve historia del detective privado
Escrito por Carmen Orus
Miércoles, 24 de Noviembre de 2010 09:14
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La novela negra, como cualquier otro género literario, tuvo un principio y un fin. El proceso impacable de la historia ha desembocado en un mundo que se vuelve cada día más angosto. Ya no queda espacio para la aventura. Arturo Pérez -Reverte crea al capitán Alatriste y lo envía al siglo XVII. Incluso Indiana Jones debe luchar para no perder el sombrero en los años treinta. Ya no queda tiempo para las grandes pasiones, incluso el cine debe recurrir a Orgullo y pasión, o, El velo pintado. ¿Y la novela negra? ¿Qué és hoy un detective privado? La violencia se ha generalizado por doquier, desde la violencia de género hasta en las redes de Internet. El relativismo contemporáneo ha empezado a poner en duda que és lo blanco y que és lo negro.

Hace ya veinticinco años que la editorial Bruguera publicó una colección inigualable titulada Club del misterio. Allí se daban cita los mejores autores del género policíaco de todos los tiempos. Mi primera lectura fue Cosecha roja del gran Dashiell Hammett con prólogo de Jorge Luís Borges titulado "El cuento policial". Después siguieron Raymond Chadler, Ross McDonald, la maravillosa Dorothy L. Sayers con su refinado detective lord Wimsey, Ellery Queen, James Hadley Chase, Eden Phillpotts, J. M. Cain, posiblemente el escritor que más ha influenciado en todo el cine moderno. ¿Qué sería de los hermanos Cohen sin éste autor? Fue verdaderamente una época dorada e irrepetible.

Éste género de cuyo origen se remonta a la Biblia y a la tradición griega, con sus historias de desciframiento de enigmas, sueños y oráculos. Wilkie Colling lo volvió a retomar a últimos del siglo XIX en la espléndida novela La piedra lunar. (Leer el ensayo de Rodolfo Walsh "Dos mil quinientos años de literatura policial"). Pero de hecho, la esencia inicial del género se produce en 1841 con Los crímenes de la rue Morgue, de Edgar Allan Poe, inventor de la novela de detectives, entre otros géneros. Quisiera hacer un paréntesis para profundizar como es debido sobre éste relato esencial de cuya importancia supera todo lo dicho.
El relato sucede en una librería de la rue Montmartre, donde el narrador conoce por azar a Auguste Dupin, el primer detective de la historia. Ambos están allí "en busca de un mismo libro" No sabemos cuál és, pero si el papel que desempeña: "sirvió para aproximarnos", se dice. El género policial nace de ese encuentro
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Dupin es un hombre de letras, un bibliófilo. Todavía estamos lejos del detective Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalbán, de cuya manía era la de quemar libros. Según Carvalho empezó a hacerlo desde el mismo día en que se dio cuenta de que la cultura le había separado de la vida y que no podía transformar la sociedad.
Dupin es soltero, solitario, extravagante, ya anticipa a Sherlock Holmes y Watson.
Dupin es un nuevo lector, ya nada que ver con los grandes personajes de la literatura, como Hamlet y Don Quijote, lectores que enloquecen. Dupin es un refinado de las librerías de París. Lee periódicos de un modo microscópico, en parte, descubre al asesino mediante la lectura, como también lo hizo el propio autor en El misterio de Marie Rogêt, basado en hechos reales y llegando a la solución del misterio. Pero sigamos en la rue Morgue. Los crímenes suceden en un cuarto cerrado con la llave por dentro. Es otra clave fundadora del género. El ser humano se encuentra en un tiempo en donde no está ya seguro en el lugar más privado. Ya no basta con estar amenazado en la ciudad, en el barrio, en la casa, sino que está amenazado en su cuarto propio, en su intimidad. Hasta allí llega el asesino. En 1907 Gaston Leroux en El misterio del cuarto amarillo le daría un giro inesperado al mismo tema. El gran talento de Poe radica en la creación de la figura del detective como efecto de la tensión con la multitud y la ciudad. La ciudad es un lugar donde la identidad se pierde. Lo multitudinario y la soledad (leer El hombre de la multitud).

Dupin revela el crimen, y lo fantástico es que lo descifra leyendo los diarios. La lectura es la capacidad que usa para descifrar los acontecimientos. Sherlock Holmes, empleará más tarde la ciencia de la deducción, es decir, la capacidad de la mirada, de ver lo que no ven los demás. Ambos detectives plantea la tensión entre el hombre de letras y el hombre que deduce únicamente con la mirada. Pero todo esto cambiará con la transformación norteamericana del género. El hombre de acción borra ya por completo la figura del detective lector. La modificación que sufre el relato policial a partir de su introducción en Estados Unidos. Raymond Chandler al final del género hará de Philip Marlowe un heredero, desplazado, de Auguste Dupin y Sherlock Holmes.

Queda atrás Dupin en sus librerías parisinas, sus pasos relajados con su amigo por las calles nocturnas, y Sherlock Holmes, disertando apaciblemente con Watson, o, tocando su violín en el apacible 22 Baker Street. Ninguno de ellos parece sufrir su soledad, sino todo lo contrario. Holmes es drogadicto, pero lejos del sentido de la drogadicción de nuestro tiempo. El siglo se va, se borra con la niebla del tiempo y aparece el siglo XX. El hombre del subterráneo se implanta en la literatura del género policíaco como animal de madriguera, afrentado por la sociedad industrial para quien el mundo se vuelve cada vez más estrecho. El hombre frente a los tristes principios del mundo moderno.

En
El largo adiós, de Raymond Chandler, posiblemente su novela más lograda, seguimos la pista, como un detective, la gran transformación del género, que es también la del mundo. Philip Marlowe, a parte de la atracción que siente por el riesgo y las situaciones límite, es también un inadaptado. Ejerce de detective como si ejerciera cualquier trabajo rutinario, y cuando los casos se cierran, la vuelta a la normalidad, a la monotonía de la oficina gris, a la soledad del estrecho apartamento, no le resulta fácil. Sus casos están despojados de los misterios de la rue Morgue o de El perro de Baskerville. Marlowe no lee. Los periódicos ya mienten y se siente solo la mayoría de las noches. Bebe. Se mueve resacoso como un fantasma por los no menos fantasmales clubs nocturnos, por lujosos locales de diversión para uso exclusivo de los ricos, por impresionantes mansiones rodeadas de césped donde viven sus clientes que acuden a él para que recupere una joya, una mujer o un marido. Todos son fugaces encuentros y largos adioses.

El gran descubrimiento, por excelencia, de la novela negra, es la ciudad. "Es muy difícil hablar de las ciudades. En realidad, las ciudades son más imágenes que lenguaje, son perfectamente definibles mediante las imágenes y totalmente inadecuadas al lenguaje". Win Wenders. La novela negra americana es la literatura de las descripciones urbanas. Ningún escritor ha descrito la ciudad de San Francisco como lo hizo Hammett, o Chandler con Santa Mónica. ¿Quién mejor que Chester Himes para describir Harlem?

Jim Thompson vino a descubrirnos que un detective puede llevar un psicópata en su interior. No he olvidado todavía el impacto causado por la lectura de 1280 almas y El asesino dentro de mí. El autor inaugura lo que será la nueva vertiente del género, y también del mundo. Patricia Highsmith crea al inquietante Mr Ripley y Thomas Harris, con Aníbal Lecter, el psicópata inteligente ya convertido en héroe.
Pero creo que todo esto requiere una segunda parte.

 

 

http://fmaesteban.blogspot.com/2007/08/breve-historia-del-detective-privado.html

Última actualización el Miércoles, 23 de Noviembre de 2011 09:16