Tras la lupa de los detectives privados
Escrito por Carmen Orus
Lunes, 26 de Septiembre de 2011 08:05
PDF Imprimir E-mail

 

Detectives privados en Barcelona

Una noche de clásico. Messi y Cristiano se enfrentan otra vez en el terreno de juego. En la calle, Ibáñez busca un cómplice desesperadamente pero todos sus compañeros, grandes aficionados al fútbol, no admiten perderse un Madrid-Barça. «Maldición, tendré que ir solo», murmura el detective resignado. Está en misión de seguimiento y debe colocar un GPS en un coche, además sólo dispone de unos pocos minutos y tiene que meterse en un garaje particular. Para ese tipo de acciones siempre van en pareja, uno vigila y otro actúa. Pero esta vez, Ibáñez se encuentra solo. Cuando tenía medio torso bajo el motor y a punto de colocar el artilugio escuchó unos pasos que se acercaban. No tuvo tiempo de levantarse, así que permaneció tumbado en la acera. «¿Que hace ahí?», le dijo un señor con cara de pocos amigos, «Hip, hip, na... nada... Estoy bien». Se tuvo que hacer el borracho para librarse de una buena.

La escena sugiere la trama de una novela negra o un film de intriga. Uno se imagina a un hombre rudo, admirador de las féminas, que actúa sin contemplaciones. Nada más lejos de la realidad. Los detectives no son tipos duros, más bien son personas instruidas, hombres y mujeres que huyen de los conflictos y que por supuesto, no van armados. Es más, cada vez se hace más necesaria en la profesión la figura de la pareja, como explica el detective de 'Ábacos', Marcelino López. «Lo ideal en la mayoría de las misiones es trabajar en pareja, de esa forma no hay límites, lo que no puede hacer uno lo hace el otro».

El Sherlock Holmes de la novela de Conan Doyle ha evolucionado. Hoy en día los delitos peligrosos se dejan en manos de la Policía y su ocupación principal es la de aportar evidencias en los juicios. López lo explica de la siguiente manera: «Somos una especie de 'notarios de bolsillo' porque damos fe de un hecho, elaboramos informes y aportamos pruebas decisivas en diversos litigios». De ese modo un padre puede dejar de pagar la pensión compensatoria por un hijo que sospechaba que tenía una nómina superior a la suya, o rescinde un contrato matrimonial por una infidelidad, entre otros.

Pero, ¿puede un detective privado investigar a cualquier persona? La respuesta es no. Primero hay que legitimar la posición del demandante. Un empresario puede indagar sobre un empleado o viceversa; también los cónyuges, las parejas, los padres o los hijos, es decir, ha de existir un vínculo que una a las partes o una razón legítima. Por otra parte, la legislación vigente atribuye a las agencias la libertad de aceptar o no el encargo. En este sentido, cuando un cliente llega al despacho, el detective le exige una serie de documentos acreditativos: contrato de trabajo, partida de nacimiento, etcétera. Comprobada la legalidad se elabora un presupuesto y por último se firma un contrato. A partir de ahí el profesional puede dar comienzo a sus pesquisas.

Lo más demandado


Según cifras de la agencia de detectives 'Garnata', sita en Ogíjares, la mayor demanda llega del sector empresarial, aproximadamente un 70% por ciento de los casos son de esta índole: una marca que contrata un investigador para indagar sobre falsificaciones, competencia desleal entre empresas, control de altos ejecutivos y lesiones fraudulentas o siniestros fingidos en el rango del automóvil entre otros. En el lado opuesto se sitúan las malas prácticas de los empleados y las bajas fingidas, debido a las altas cifras de paro y al temor de los asalariados a perder su puesto de trabajo.

Según los datos de la agencia granadina 'Grupo3detectives', el porcentaje de bajas laborales se ha reducido en un 45% en época de crisis. Y qué padre o madre no hubiese pagado alguna vez por ver lo que hace su hijo cuando sale de casa. En el ámbito personal, el criminólogo forense, Isidoro Ibáñez, al frente de 'Garnata', cuenta que predominan los encargos de padres que desean averiguar qué hacen los adolescentes fuera del hogar, así como la vigilancia de jóvenes estudiantes que por primera vez abandonan el seno familiar para comenzar una carrera universitaria, descubriendo en algunos casos que ni siquiera estaban matriculados.

Los límites de la legalidad en el transcurso de las investigación son extremadamente frágiles. En el caso de grabaciones y fotografías, las viviendas y las urbanizaciones son inviolables. Por encima de todo queda protegido el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar, a la propia imagen y el secreto de las comunicaciones. Si se trata de suelo público no hay escapatoria, es más, el material gráfico constituye una prueba definitiva en el ámbito civil, fuera de él, son indicios probatorios. «Entregamos el informe al juez y si la otra parte lo desmiente, se nos pide testimonio, y eso si que va a misa porque tenemos presunción de veracidad», asegura el criminólogo y vicepresidente de la comisión gestora del Colegio Oficial de Detectives de Andalucía, Marcelino López.

Además de tener la debida formación, los detectives privados cuentan con una tarjeta de identificación profesional, expedida por el Ministerio de Interior, que los capacita e identifica para el ejercicio de su profesión. Sin esta habilitación las pruebas e informes presentados en un juicio no son válidos.

'Huele braguetas'

Según López, en Granada hay algunos expolicías o exguardias que ejercen la profesión sin título, en el mundillo los llaman 'huele braguetas', «porque tienen que olisquear el pantalón de los maridos infieles para averiguar con quién han estado», aclara el criminólogo. No obstante, la invalidez de las pruebas no es el único riesgo que se corre, la ley sanciona con 3.000 euros la contratación dolosa o negligente de personas no habilitadas. Tampoco hay que fiarse de las placas doradas, se pueden conseguir en cualquier lugar y no están homologadas.

A unos 60 euros la hora, podría decirse que contratar los servicios de un detective privado no es nada barato. Esta tarifa se incrementa si se trabaja de noche o en días festivos y a eso habría que añadir los gastos derivados de desplazamientos, material fotográfico y vídeo. No obstante, en la mayoría de los casos, sale muy rentable.

López cuenta la historia de un cliente al que ayudó recientemente: era contratista y debía pagar una indemnización de 180.000 euros a uno de sus empleados por una supuesta lesión que le impedía mantenerse erguido. Finalmente el detective 'cazó' al lesionado moviendo vigas de considerable peso en la puerta de su casa, la investigación costó 970 euros.

«Cuando tenemos que organizar un gran dispositivo de 8 o 9 personas perfectamente comunicadas, con un linaje perfecto, eso es lo que más me gusta. Me da igual el tipo de caso mientras sea complicado e involucre a muchos, porque es donde sacamos nuestros mejores matices, adoro los retos», explica Ibáñez.

En la otra cara de la moneda están los horarios. El detective asegura que compaginar la vida familiar con la investigación es muy complicado. Para López, lo peor son los 'plantones', esas horas y horas de vigilancia en la calle que se hacen eternas. Sin embargo, encuentra una gran complacencia en el sentimiento de ayuda a ciertos clientes: «Cuando un persona viene a nuestro despacho lo primero que quiere es que alguien lo escuche y debes ser ético porque normalmente te va a contar un problema profundo, incluso intimidades de alcoba, y si su angustia queda resuelta es una gran satisfacción». Ibáñez discrepa, pues los detectives privados trabajan en un mundo de engaños y tretas para sacar dinero, unos ganan y otros pierden: «En este ambiente nadie es el bueno».

Última actualización el Domingo, 22 de Abril de 2012 17:43