Del amor y el buen detective
Escrito por Carla
Viernes, 03 de Agosto de 2012 17:17
PDF Imprimir E-mail

 

Detectives privados

De Marta Sanz dice la solapa del libro que es doctora en Filología Hispánica, que ha escrito varias novelas y una colección de relatos y ha coordinado una antología poética, trabajos por los cuales ha recibido varios premios importantes y ha sido finalista de otros como el Nadal. Lo que no dice es que se ha leído de pe a pa las obras completas de Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Patricia Highsmith, Simenon, Vázquez Montalbán y toda la colección de padres del género negro antes de construir a un personaje como Arturo Zarco, un detective homosexual, elegante, charlatán, cuarentón, divorciado y con mal de amores.

Zarco salió del armario tras divorciarse de Paula, pero sigue siendo muy amigo de su ex mujer. Tanto que ella es su Pepito Grillo y no duda en redirigir la investigación si no ve sólidas las teorías de su ex marido. Este extraordinario sabueso debutó en las letras españolas hace dos años con la publicación de Black, Black, Black, una novela en la que los padres de la víctima de un crimen lo contrataban para confirmar que el asesino había sido su yerno, al que profesaban un odio furibundo por ser marroquí. El argumento se centraba en una comunidad de vecinos, de esas del tipo de Aquí no hay quien viva, con más referencias cinéfilas y literarias pero con cotillas y chanchullos del mismo nivel.
La segunda entrega de la serie lleva por título Un buen detective no se casa jamás y llegó a las librerías la pasada primavera. Como la anterior, publicada por Anagrama. En ella Marta Sanz se pasa toda la novela intentando darle una vuelta de tuerca completa al género. La misma frase del título procede de una cita de unos apuntes de novela negra que publicó Raymond Chandler en 1949. Dice así: "El amor casi siempre debilita una novela policíaca, pues introduce una especie de suspense contrario a la lucha del detective por resolver el problema. Es algo que falsea las cartas, y nueve veces de cada diez supone la eliminación de al menos dos sospechosos útiles. En este caso, la única forma de amor eficaz es la que añade un elemento de peligro personal al detective. Pero, al mismo tiempo, percibimos instintivamente que se trata de un simple episodio. Un buen detective no se casa jamás".

Y lo cierto es que, si se echa la vista atrás entre lo más selecto del noir, no abundan los detectives casados. A Sherlock Holmes, el más grande de todos los tiempos, sólo se le conoció una relación con una mujer y fue precisamente uno de sus peores enemigos. Tampoco los Marlowe y Spade y demás huelebraguetas clásicos pasaron por el altar, mientras Carvalho se contentaba con alguna que otra falsa promesa de matrimonio a Charo, su novia prostituta. En el interminable catálogo actual de detectives de libro son pocos los casados, y a los que se casaron no les fue nada bien. El sacramento del matrimonio en la literatura negra se reserva más a policías, comisarios o inspectores que a investigadores privados.

Arturo Zarco rebate los apuntes de Chandler. Él no sólo está casado, y divorciado, sino que ama apasionadamente a su novio Olmo, un efebo cuya presencia en los libros de Sanz es casi etérea. Y el amor no le impide avanzar en la resolución del caso pese a que a veces tenga que ser su ex mujer quien lo meta en vereda. En esta ocasión el antihéroe de Marta Sanz, deprimido por su amor imposible, se ha ido de vacaciones a la costa levantina, a pasar unos días a casa de una amiga suya semiaristócrata. Allí, entre tres generaciones de gemelas monocigóticas -algo imposible biológicamente- y un podólogo que se parece a Alain Delon -¿recuerdan quién interpretó a Tom Ripley en A Pleno Sol?- se teje un crimen en el que poco tiene que ver el amor y mucho más el dinero y la propia miseria humana. Como en una novela de Chandler.

Última actualización el Lunes, 06 de Agosto de 2012 15:45